Los Animales Blancos despiden el 2014

Por: 
Vice Staff para @VICECOL

 

Fue un año ocupado para Andrés Gualdrón. Inquieto como siempre, luego de lanzar un disco campeón llamado Ciervo de dos cabezas, el hombre estuvo recorriendo bastante kilometraje junto a su tropa ruido-guapachosa por numerosos paisajes de las Américas. Desde México hasta Argentina, pasando por Costa Rica, los Animales Blancos tuvieron la oportunidad de afincar (bonita palabra) su propuesta en vivo y consolidarse como banda, más que como proyecto solista. Además, la mente detrás del proyecto produjo el disco debut de Jardín Láser y hasta se dio el lujo de publicar algunas columnas en VICE (como esta, en la que el buen yonqui musical nos honró con un tributo al fallecido maestro vallenato Enrique Díaz). Para despedir este año definitivo como se lo merece, su banda partirá una jugosa lechona musical junto a algunos de sus amigos músicos más cercanos como Lianna y el Chongo y otros de bandas como Planes y La Pulpafonic, en un toque decembrino y sobradamente dicharachero.

Charlamos con él sobre este año que se va.

 

¿Qué tal estuvo este 2014 para los Animales?

Este año salimos por primera vez de Colombia y estuvimos en tres países distintos: México, Costa Rica y Argentina. Hicimos más conciertos que nunca en nuestra vida. Tocamos en todas las condiciones: sitios grandes y sitios diminutos, en salas repletas y frente a veinte personas, en venues con un súper sonido y a veces en la calle, con lo disponible y en la pura guerra. Tocamos al lado de bandas de punk, ska, free jazz, rock noisero, cantautores totalmente acústicos, electro-rock fresa, cumbia, blues primitivo, y con gente en el público que, o se volvía loca de la felicidad o levantaba la ceja porque no sabía qué tenía al frente. Nos tocó poner la cara tal y como somos en un montón de situaciones extrañas y novedosas y ese aprendizaje no lo quita nada. La banda creció un montón. A final de año, sin esperarlo, recibimos una invitación para hacer un showcase en la Feria Internacional de la Música de Guadalajara, un evento súper fuerte y con una curaduría muy bonita. Volver a México fue la mejor manera de ir terminando el año y una especie de espaldarazo a lo que vamos haciendo.

 

¿Al fin cómo se van a llamar: Andrés Gualdrón y Los Animales Blancos o solo Animales Blancos?

Animales Blancos. Las cosas han cambiado y el rollo ya no se trata de las canciones que hizo Andrés Gualdrón encerrado en su cuarto en piyama... Hay un voltaje grupal muy fuerte sucediendo cuando estamos en escena. Hay más canciones de Sergio y Santiago en el repertorio. Así que así saldrá el siguiente disco, seguro.

 

¿Cómo han evolucionado las canciones desde el estudio al en vivo ahora que las han tocado tanto?

El primer disco tenía esta estética muy de habitación, en la cual yo grabé buena parte de las cosas y casi todo lo que sonaba venía del compu. Luego, cuando armé la banda, decidí rebelármele a los computadores (porque los malditos ya me habían traicionado varias veces en el escenario) y la banda empezó a prescindir casi totalmente de lo digital. En esa época teníamos un ímpetu muy fuerte de tocar y a mí incluso me daba impaciencia probar sonido. Queríamos gritar “¡1, 2, 3, 4!” y empezar el show en cualquier parte, donde arrimaran unos parlantes y sin siquiera pensar en las circunstancias. La cosa se volvió medio visceral y de alguna forma aún conserva eso. Cuando grabamos el segundo disco lo hicimos en bloque y luego yo me llevé las pistas para procesarlas y meterles más ambientes. Así buscamos un balance entre la textura densamente electrónica del primer álbum y la cosa punk y sin “máscaras” que estábamos haciendo en vivo. Durante la gira y en los ensayos hemos empezado a improvisar mucho, y los temas se han deformado bastante. Pronto nos vamos a meter al estudio y es posible que “regrabemos” algunas versiones que nos gustan más ahora que antes.

 

Y ahora que el sonido ha evolucionado tanto, ¿los Animales Blancos son una banda de qué?

No sé. ¿Toca ser una banda de algo? Ahora todo se comunica a través de hashtags, 140 caracteres y etiquetas de una palabra para designar nichos comerciales claramente definidos. Vivimos en una época dominada por un lenguaje publicitario donde toca sobresimplificar las ideas y las intenciones, y a mí eso me aburre y hasta me deprime. En el centro mismo de lo que hacemos está mamarle gallo a los géneros, meternos en rutas diversas, deformar las cosas y no poner ningún límite. Violeta Parra, a quien admiro, dijo: “La creación es un pájaro sin plan de vuelo que jamás volará en línea recta”. Cuando uno escucha su canción “El Gavilán” no solo no sabe a qué género pertenece, sino que duda de si es música hecha en el planeta tierra. A mí me gusta la onda de Café Tacvba, de Frank Zappa, de Beck... tipos a los que no les podrías preguntar “de qué” son sus bandas.

 

 

Esa especie de verborrea que a nivel lírico planteas siempre resulta inquietante. ¿De dónde sale?

Sale de un hueco en la parte de atrás de la cabeza donde anidan gusanos de éter que se comunican telepáticamente con seres de otros tiempos (futuros y pasados).

 

También produjiste el disco debut de Jardín Láser. ¿Cuál era la idea?

Gabriela Supelano, la cantante de Jardín Láser, es mi amiga de hace tiempo. Tenía unas canciones en el charango y me pidió que las produjera, lo cual me pareció un tremendo reto porque están en un estilo muy distinto al que yo usaría para escribir una canción. Lo que sucedió al final fue una mezcla entre sus canciones folk (con algo muy tirado hacia sus visiones de la infancia) y el rollo medio psicodélico que tienen las otras cosas que he producido. Hicimos una banda en vivo con Santiago Botero (de Mula) y con Bibiana Rojas (de Las Pegastick) y la hemos pasado bien tocando juntos.

 

Nombres como los Animales Blancos poco a poco van armando el panorama de una especie de “nueva escuela” de la “nueva música colombiana”. ¿Te sientes cómodo con estos términos?

Sí, me gusta lo de “nueva escuela”. Aunque no sé si es tan nueva, porque ya desde décadas pasadas se deja ver en el sonido de grupos como Distrito Especial y Curupira (con un antecedente en los discos experimentales de Los Speakers y en la música de Columna de Fuego, por allá a finales de los sesenta e inicios de los setenta). Me refiero a aquella ola bien poderosa de músicos y bandas que no le temen ni a la tradición nacional ni a lo contemporáneo. Que juegan con los ritmos y no le temen a echar mano de distintos recursos musicales. Que no tienen una aproximación solemne hacia la música y les gusta jugar sin tomarse a sí mismos tan en serio. También, que expresan un gusto fuerte por lo disonante. Los viajes del 2014 me ratificaron el poderío que hay aquí y ahora en Colombia. Ya vendrá el tiempo y pondrá las cosas en perspectiva... El nombre de esa “nueva ola”, que creo que sí la existe, nacerá por sí mismo. No sé si pertenezco a ella, pero desde luego me influencia a mares.

 

¿Cuáles dirías que son los principales retos de una banda como la tuya para tomar vuelo dentro de la escena?

Creo que es el mismo reto de todas las bandas: lograr ser fieles a la música que les fluye sin caer en bancarrota. A la final, no detenerse, ni por el carajo detenerse. Esa tiene que ser la consigna, sean cuales sean las circunstancias. 

Cortejo Animal: Animales Blancos e invitados
​Fecha: sábado 13 de diciembre
​Lugar: Casa 9 - 69, Bogotá
​Costo: 10 k
​Más info del evento 
aquí

 

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