¡Qué bonita vecindad!

Por: 
Diego Miranda / @Medeciangato

 

Se dice que Chespirito recibió su apodo por una comparación con William Shakespeare –por ser un Shakespeare chiquito–, y la afirmación no resulta desproporcionada, ambos tenían una característica en común: la escritura para el entretenimiento popular. Además, el secreto de su fama y su vigencia fue el mismo: la conexión del espectador y/o televidente con los personajes.

Queramos o no, todos debemos irnos. Pero cuando quien se va creó un vínculo con nosotros, incluso sin conocerlo, con él también se va una parte nuestra. En este nuevo viaje, es seguro que en la maleta que lleva Roberto Gómez Bolaños va la infancia de muchos de nosotros, el vecindario, los juegos y los chistes de un grupo de amigos que de seguro existen en cualquier barrio popular de Latinoamérica.

Nos deja, de este lado, el legado de un superhéroe, ¡el superhéroe latinoamericano por excelencia! Su obra insigne, El Chavo del 8, se convirtió en un ícono popular para todas las edades. A pesar de ser un programa planeado para adultos, el programa robó carcajadas tanto en niños como en grandes. Sin embargo, la risa del niño y la del adulto no son producto de la misma cosa: el niño se ríe del gag y el adulto, de sí mismo. Es una risa nostálgica que nos traslada a la época de los pantalones cortos, de jugar fútbol con un tarro, esa época de tranquilidad infantil, de inocencia.

El Chavo del 8 es eso, un mundo de ilusiones, de pequeños detalles que develan, tras el carácter desafiante y explosivo propio del latinoamericano, un trasfondo lleno de ternura, amabilidad e inocencia, demostrándole al mundo que realmente “nuestro escudo es un corazón”.

Chespirito, ingeniero de profesión y escritor por vocación, desarrolló varios montajes televisivos junto a Rubén Aguirre como El Chapulín Justiciero (que posteriormente se convertiría en El Chapulín Colorado) y Los Chifladitos, hasta la partida de Aguirre al canal de la competencia. En ese momento, los productores del Canal 8 de México pidieron a Gómez Bolaños la escritura de un nuevo montaje con bajo presupuesto.

Entonces Chespirito retomó un montaje antiguo donde un niño y una niña peleaban con un vendedor de globos (Don Ramón); esta sería la única vez que la Chilindrina no fue hija de Don Ramón. El montaje funcionó y ¡zaz!, el 20 de junio de 1971 nació El Chavo del 8.

En un comienzo todo fue en compañía de personas e, incluso, personajes que ya habían sido empleados por Roberto Gómez Bolaños. Por un lado estaban María Antonieta de las Nieves (La Chilindrina) y Ramón Valdés (Don Ramón), compañeros de Chespirito en el programa Los supergenios de la Mesa Cuadrada; por el otro, Édgar Vivar, un médico que en medio de un dilema laboral accedió a hacer parte de los montajes de Chespirito, y que en El Chavo del 8 interpretó a Xenón Barriga y Pesado (el señor Barriga) y creó el personaje de Ñoño.

En vista del fracaso de Rubén Aguirre (Profesor Jirafales) en solitario y que Florinda Meza se erigía como la villana de la serie, Chespirito decidió vincularlos sentimentalmente para humanizar un poco al personaje interpretado por esta última.

Pero para Roberto el programa tenía aún dos problemas: el Chavo no tenía contraposición y Doña Florinda era un personaje muy solitario. Aconteció entonces que Rubén Aguirre, en una fiesta, presentó un pequeño montaje cómico junto con Carlos Villagrán, un joven capaz de mantener por largo tiempo sus cachetes inflados. Chespirito vio en Villagrán la solución a sus dos problemas y lo vinculó al programa como el personaje de Federico Rico Matalas Callando Corcuenca y Villalpando, mejor conocido como Quico.

La última en llegar a la vecindad –o al menos eso da a entender el capítulo donde aparece el señor Calvillo– fue doña Clotilde, “La Bruja del 71”, interpretada por Angelines Fernández, una española de nacimiento que huyó de su país en tiempos de Franco, y que entró a tomar el apartamento número 71, justo en medio de los de Doña Florinda y Don Ramón, simbolizando así las clases alta, media y baja.

Por el programa pasaron otros personajes, entre ellos el señor Calvillo, Don Román, el señor Hurtado, Gloria, Patty, Jaimito el Cartero..., pero ninguno tuvo la importancia de los que fundaron la vecindad, personajes reconocidos por lo menos en diez voces distintas para su doblaje al ruso, coreano, japonés, chino y portugués.

Se va Chespirito y la mejor manera de continuar su legado es recordar el mundo del “¡síganme los buenos!”. ¿Pero cómo? Sencillo. Imagínese un Churrumino, o a Chente, el amigo imaginario del Chavo; o piense qué órgano estaría mal en el Chavo para que le dieran garroteras. Recuérdelo cuando se tome un agua de limón que sepa a tamarindo pero que parezca de Jamaica, pero jamás malinterprete las tomadas de café a solas entre Doña Florinda y el profesor Jirafales. Simplemente acuérdese de cuando usted fue niño y ría, pues bien lo dijo el mismo Chespirito: “La risa es una expresión de triunfo del cerebro. Si te ríes por un chiste es porque lo entendiste”.

Compartir con: