Los 130 años del tranvía de Bogotá

Por: 
Andrea Melo / @Andreasemarea7

 

Para muchos de nosotros el tranvía de Bogotá es apenas un recuerdo que conocemos gracias a fotografías o cuentos de nuestros viejos. Fue el 24 de diciembre de 1884 que las calles bogotanas sintieron por primera vez esos vagones que traían los incipientes tufos de progreso y modernidad a la capital colombiana. Hoy En Órbita quiso rendirle homenaje a esos rieles de hierro que aún se resisten a desaparecer.

130 años han pasado desde que el primer tranvía, halado por mulas, recorrió la capital, que en ese entonces iba desde el centro de Bogotá hasta el municipio de Chapinero. Su color y forma variaron por lo que fueron bautizados con diferentes nombres para ser reconocidos por los usuarios que en ese entonces pagaban dos centavos por viaje.

Inicialmente, el tranvía fue una concesión a cargo de la compañía estadounidense Bogotá City Railway Company, ya que era una moda económica que las grandes potencias invirtieran en servicios públicos de países de América latina. En 1892, los rieles de madera fueron remplazados por otros de acero, importados desde Inglaterra, y se inauguró una línea más, que unía a la Plaza de Bolívar con la Estación de la Sabana.

 

 

“El tranvía tenía exactamente los mismos problemas que tiene Transmilenio hoy; pocos móviles, rutas escasas y afluencia masiva”, dice el historiador Luis Enrique González. Sumado a su mediocre funcionamiento, un sentimiento patriota se apoderó de Bogotá de forma tardía pero igual de efervescente debido a la perdida de Panamá en 1904; seis años más tarde, el 7 de marzo de 1910, un niño intentó subir a uno de los vehículos sin pagar su boleto y Mr. Martin, directivo de la Railway, lo agredió, según testimonios de los presentes, en un hecho que desató la furia de los bogotanos.

Hubo protestas en toda la ciudad y se tomó la decisión colectiva de no tomar este medio de transporte, así que cuando alguien pasaba dentro del vehículo la gente le tiraba naranjas o huevos. Por ello, el Concejo de Bogotá decidió hacer una colecta general que incluyó desde pulseras hasta propiedades de todos los ciudadanos para recaudar fondos y poder nacionalizar el servicio. El 25 de diciembre de ese año comenzó a operar el Tranvía Municipal de Bogotá, que recibió las siglas T.M.D.B, letras que no tardaron en convertirse en un chascarrillo rolo conocido como “Treinta Minutos de Bamboleo”.

 

Varias transformaciones se dieron por esos años: la desaparición de los carros halados por mulas, la implementación de la electricidad, la aparición de la publicidad y la llegada de los primeros tranvías cerrados (antes eran abiertos pues los norteamericanos imaginaban que el clima de la capital era tropical); estos nuevos carruajes fueron bautizados “Nemesias", en honor a don Nemesio Camacho, gerente de la empresa por aquel entonces.

A falta de más apodos, y con motivo del cuarto centenario de la fundación de Bogotá en 1938, la ciudad adquirió ocho carros aerodinámicos, de techo plateado, a los que, en homenaje a Lorencita Villegas de Santos y su pelo blanco, se les llamó “Lorencitas”.

 

Diez años más tarde, el día en el que la capital no volvería a ser la misma, 34 tranvías fueron incendiados durante la crisis del Bogotazo; según el historiador Luis Enrique González, un sabotaje de algunos miembros de empresas de transportes privados fue lo que alentó el vandalismo hacia los vehículos.

El servicio de tranvía funcionó en Bogotá hasta el 30 de junio 1951 cuando el alcalde Fernando Mazuera Villegas decidió unilateralmente acabar con el servicio. “Un poco dictatorialmente me impuse y acabé con la circulación del tranvía de Bogotá. Quiero recordar esta anécdota, pues tiene gran significado en el afán que yo tenía por hacer de Bogotá una ciudad capital”, afirmó en sus memorias el exalcalde.

 

Sí hay tranvía hoy

En este momento, un tranvía turístico recorre el centro de la ciudad como una oda a la vieja gloria de los rieles y se están realizando estudios para la implementación de un vehículo similar al de hace 130 años por la carrera séptima, pero el caos de la capital ha dificultado la credibilidad de este tipo de proyectos. Por ahora se sabe que en 2015 saldrán los resultados. “Esperamos volverlo a ver antes de morirnos todos”, afirma González.

Que actualmente los ciudadanos rebosen los buses y transmilenios como si se derramaran no es un fenómeno de las nuevas generaciones; de hecho, desde aquella época, ilustres y obreros pendían de los tubos del tranvía, lo que hace pensar que a los bogotanos nos gusta colgarnos y vivir de afán, como un síndrome de arrebato por vivir la ciudad en el borde de la pasión y la rabia.

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