Tras la pista del “rejo quemado” y sus contemporáneos

Por: 
David Jáuregui Sarmiento / @YDesparchado

 

Muchas veces, cuando uno ve los noticieros y piensa en la política nacional, dan ganas de gritarle al televisor: “¡Ja! ¡Quemó la olla!”. Esa expresión que tanto utilizamos cuando alguien se equivocaba y, por descuido o por artimañas del engaño, llamaba a un “pillado” por el nombre equivocado en ocasiones tiene más sentido de lo que pensamos. Aunque lo olvidamos, una parte de nuestras vidas la pasamos jugando con otros niños esos juegos que ahora se conocen como “tradicionales”, en los que las frases rápidas contaban tanto como un edicto presidencial.

Los adultos que se acercan a la tercera edad, nuestros abuelos y muchos niños del país han jugado yermis, yo-yo, trompo, tarro, golosa y otra cantidad de juegos que hacen parte de nuestra tradición, además de servir como reproductores de nuestra idiosincrasia. Si no, pongámonos a ver cómo se relaciona el juego –por el que nos regañaban en el colegio pero que amábamos– conocido como “cuca-patada”. La realidad nacional tiene mucho que ver con él: si te dejas hacer el truco te ponen a perder.

 

La antropóloga Haydee Ribero Giraldo explica en su blog “Antropología y comunicación”, que en las rondas, juegos, penitencias, etcétera, podemos ver reflejadas las normas sociales del momento y las formas que el grupo crea para evadirlas y adaptarlas a las necesidades del momento: la prohibición del contacto personal, la regulación de las emociones y la permisibilidad de ciertas expresiones sociales se manifiestan dentro del juego.

Algunas personas como los hermanos Luis Carlos y Andrés Felipe Celis han centrado sus vidas en recuperar dos de los juegos tradicionales más populares: el trompo y el yo-yo. Los dos, a través de su propia empresa Grupo Internacional Yoyoer, se han dedicado desde el 2009 a promocionar el trompo y el yo-yo, incluso en otros países de América Latina, como Perú, Brasil, Paraguay, Chile y Argentina. “Desafortunadamente tenemos que hacerlo a través de compañías que promocionan sus productos porque, aunque quisiéramos conformar una escuela por ejemplo, o fabricar yo-yos profesionales (que no se fabrican en Colombia) no tenemos los medios económicos necesarios para hacerlo”, cuenta Luis Carlos Celis.

Para los hermanos Celis, una de las razones por las que ya no se ve a muchos niños jugando rondas de golosa, “chicle americano”, “piquis”, trompo y los demás juegos tradicionales, se debe en buena medida a la tecnología, y que a las compañías ya no están interesadas en promocionar sus mercancías a través de estos juegos. “Antes se veían campañas publicitarias en las que, por ejemplo, se podía reclamar un yo-yo luego de comprar tantos productos, o una golosa”, afirma Luis Carlos.

Uno podría pensar, incluso, que los métodos democráticos utilizados por los niños para tomar decisiones son más efectivos que la burocracia de hoy en día: el “pica pala”, el “zapatico cochinito”, el “tin marín de do pingüe” y los demás tienen más sentido de selección que las contrataciones de licitación de los últimos tiempos. Quién quita, a lo mejor los Nule no son buenos con el “pica pala”, o públicamente no podrían alterar el orden del “zapatico cochinito”.

Si tan solo hubiéramos jugado más juiciosamente “¿El lobo está?”, en el que se cantaba “juguemos en el bosque mientras el lobo no está, porque cuando venga el lobo quién sabe qué nos hará”, nuestras habilidades para identificar habladores –tal vez– serían muchísimo más agudas.

Para personas como los hermanos Celis, como los abuelos y los padres –que insisten en que los niños no están saliendo lo suficiente al parque a compartir con otros seres humanos– es fundamental recuperar, o cuando menos no perder esos juegos tradicionales. “Hacen parte de nuestra cultura popular; como el vallenato, no se deberían dejar perder”, finaliza Luis Carlos Celis.

Por eso, tenemos una breve recopilación de juegos tradicionales, en caso de que se les antoje repasarlos en un asado y disfrutar como niños, o si tienen un grupo de sobrinos a los que entretener en las fiestas de fin de año.

 

Saltar la cuerda

Normalmente conocemos la cuerda como “lazo”, pero esta vez son dos personas las que sostiene cada punta de la cuerda y uno o más jugadores los que saltan. A medida que pasa el tiempo se va haciendo más rápido y, si tocan la cuerda, pierden.

 

Golosa

También se conoce como “rayuela” o “patasola”. En muchos parques públicos del país se encuentra el esqueleto para jugarla: ocho recuadros que tendrán que sortearse lanzando una piedra, dentro de cada uno, para recogerla y volver. Al final del juego se podrá llegar al cielo, que es la parte más lejana de la golosa. Siempre es una posibilidad dibujarla en cualquier andén, en caso de que no haya un parque público cercano.

 

Yermis

Se conforman dos equipos y, antes de disponerse a jugar, se reúnen algunas tapas de gaseosa, o de cualquier cosa en realidad. Lo que se hacía normalmente era ir a la tienda más próxima para pedirlas. Luego de la división de equipos, se hace una torre con las tapas y el primer equipo en derribarla con una pelota pequeña tendrá que huir del otro, que intentará ponchar con la pelota a sus contrincantes. Antes de que todos sean ponchados el objetivo es volver a rehacer la torre de tapas.

 

Rejo quemado

Es un poco salvaje y alguien siempre resulta ligeramente herido, pero es muy divertido. Se esconde una correa y se dan pistas a los demás jugadores con las palabras “caliente y frío”. Anteriormente se ha fijado un “tacho”, que servirá para que quienes lo toquen estén exentos de peligro. Cuando alguien encuentra la correa empieza la persecución y aquel jugador que no haya tocado el tacho se lleva su “juetazo”.

 

Tarro

Una botella plástica es el tarro, o en su defecto se puede usar un balón. Uno de los jugadores, luego de un proceso de selección como “zapatico cochinito”, tendrá que custodiar el tarro y descubrir el escondite de los demás jugadores quienes han corrido a ocultarse después de una pateada de tarro inicial. El simple hecho de ver un jugador cuenta, por pura palabra. Sin embargo, si el custodio se descuida y alguien patea el tarro nuevamente empieza “de ceros”.

 

Chicle americano

Sobre una banda elástica y al ritmo de cantos, el jugador tendrá que sortear varios niveles y trucos. Por lo general las chicas siempre fueron las campeonas del “chicle americano”.

 

Trompo

Un juguete que absolutamente todo el mundo conoce, así no lo haya jugado nunca. La idea es hacer girar el trompo sobre la punta y hacer varios trucos que serán comparados según la habilidad de los jugadores.

 

Yo-yo

También es conocido por todo el mundo. La idea es hacer trucos antes de que “la pita” devuelva el yo-yo a la mano. Cuenta Luis Carlos Celis que cuando la empresa Coca-Cola conformó un equipo de “campeones” de yo-yo que daban demostraciones por todo el mundo, el 80% de sus integrantes eran colombianos.

 

¿Qué otros juegos tradicionales recuerdan? Compártanlos con nosotros.

 

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