Roberto Gómez Bolaños “Chespirito” (1929-2014)

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En Órbita / @enorbitaweb

 

Dicen por ahí que aquel capaz de hacer reír a otros ya tiene ganado el cielo por derecho propio. Y esto es poco para referirse a Roberto Gómez Bolaños, a quien debemos agradecer muchos momentos de felicidad pero que, con dolor, hoy debemos despedir.

Este hombre que dio vida al Chavo del ocho, ese huérfano dueño de una ternura y un candor infinitos, y que creó una vecindad que prefiguraba el barrio popular latinoamericano, entendió que el humor puede ser una de las herramientas más poderosas para dar alegría y, a la vez, sentar una postura crítica frente a los males del mundo y la sociedad. Eso también lo supieron en su momento Charles Chaplin, Mario Moreno “Cantinflas” y Jaime Garzón.

El Chapulín Colorado fue su respuesta, bajo la figura de un antihéroe, a las épicas artificiales con las que desde hace décadas hemos sido bombardeados desde el país del norte, y su Chaparrón Bonaparte, una forma de recordarnos que la locura también puede estar impregnada de nobleza.

Quedan para la posteridad personajes entrañables como el periodista distraído Vicente Chambón, el cascarrabias doctor Chapatín y ese ladrón de poca monta apodado el Chómpiras, así como todos los demás que concibió para ser interpretados por otros actores: el profesor Jirafales, don Ramón, el Botija, la Chimoltrufia, la Chilindrina, la vecina que siempre pedía una tacita de azúcar, la Bruja del 71, Lucas Tadeo, Kiko, Ñoño, la Popis, el Peterete, Doña Florinda, el señor Barriga. Todos ellos y tantos otros que ya ocupan un lugar de privilegio en la galería de iconos latinoamericanos de la cultura popular.

Este hombre, que tantas carcajadas nos produjo, hoy nos arranca una lágrima. No estamos despidiendo a cualquier persona, se acaba de ir un grande. ¡Me lleva el chanfle!

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