Jóvenes poetas nos envían una postal

Darío Rodríguez / @etinEspartaego

 

La editorial independiente Con Las Uñas (Colombia), en asocio con la Universidad Autónoma de Nuevo León (México), publica la antología poética Postal del Oleaje, un panorama de la joven poesía mexicana y colombiana. Coordinada por la poeta Jenny Bernal, la muestra presenta algunas de las más recientes y sólidas tendencias poéticas en Latinoamérica.

Por fortuna, los lectores de poesía no se complican la vida. Llevan sus libros dentro de morrales o carteras, les prodigan las emociones que suscita el poema o el fragmento de poema a sus conocidos y amigos, o leen amparados por el silencio en el parque, la biblioteca, el bar. Es un privilegio (y quedan pocos privilegios así dentro de nuestras sociedades livianas, rápidas) recuperar la intimidad, el embrujo producido por compartir palabras escritas desde la rabia, el hastío, el cariño, entre grupos mínimos o resguardando la, a veces, necesaria soledad.

Esta gracia aumenta cuando se comparte una muestra de poesía realizada desde la convicción y la fuerza del trabajo bien hecho. Los poetas que conforman Postal del Oleaje (publicado por la editorial bogotana Con Las Uñas y la Universidad Autónoma de Nuevo León) no son creadores ocasionales ni casuales. Casi puede afirmarse que estos jóvenes nacidos en los años ochenta del siglo pasado son el nuevo rostro de la literatura en Colombia y México. Lo cual no es poco si se tiene en cuenta la proliferación de versificadores sensibleros en internet, de gentes que asumen la palabra poética como una distracción pasajera, una diversión sentimental o un desahogo cercano al exhibicionismo, sin lecturas serias ni consultas a la tradición literaria y, en muchas ocasiones, sin el menor sentido del decoro, desparramando renglones dignos de telenovelas, baladas pop o esquelas amorosas.

Contra esta oferta seudolírica, los seleccionados por Jenny Bernal para la presente antología son auténticos poetas, conocen a las claras su oficio, ya poseen una voz propia y cumplen las condiciones expuestas por Carlos Drummond de Andrade si de plantearse una obra se trata: habilidad formal, originalidad sustancial, fuerza ética, capacidad de trascendencia.

Algunos de ellos difunden su producción en la Red y ya gozan de cierto reconocimiento en sus países. Pero el lugar que los une, sin duda, se halla en la revista latinoamericana de poesía La Raíz Invertida, una tribuna digital desde la que se han originado talleres de creación literaria, crítica, revaloración de poetas secretos (como Emilia Ayarza) y hasta un festival poético llamado Ojo en la Tinta. Tanto en las páginas como en la feroz cotidianidad, el propósito que da título al libro se lleva a cabo punto por punto: algunas personas interesadas en la poesía entablan una comunicación, una estrecha comunión (el oleaje) mediante los ecos o bramidos de la postal (los poemas). Que esto suceda entre Colombia y México, naciones hermanadas por brutales violencias, aunque también por inobjetables lazos culturales, tiene que celebrarse.

En cuanto a los textos, la variedad es notable. Junto a poetas consagradas dentro del circuito literario colombiano (Andrea Cote, Lucía Estrada) se encuentran la poesía sutil, misteriosa, de Jorge Valbuena, los poemas próximos a la filosofía y al aforismo de Tania Ganitsky, los rarísimos montajes escritos por Kamilo Muñoz o el desbordado estilo del caleño Julio Balcázar. Una constatación de que estos muchachos están intentando decir las cosas de manera desacostumbrada a la común se observa, por ejemplo, en este poema de Ganitsky:

 

LA PREGUNTA DE BORGES

El hecho de que alguien pregunte

con cuántos caballos soñó Shakespeare

entre 1592 y 1594

significa que aún se puede tomar aliento,

que no todo está perdido.

Quien quiera puede responder

con uno con muchos con ninguno,

sin esperar acertar en la cantidad, pero

dando por sentado que Shakespeare sí soñó

con algún caballo entre 1592 y 1594.

Como lo terrible sería dudar la pregunta,

como el nivel normal de realidad exigiría destruirla

es una pregunta que revoluciona la respuesta.

Si respondo que soñó con un caballo salvaje

que corría en el bosque

o con dos que galopaban en círculos en el campo

o con siete que relinchaban a medianoche en un establo,

todo eso prueba una sola cosa: hay poesía.

 

Solo un botón de muestra. El volumen está poblado de hallazgos verbales como el anterior.

Por el lado mexicano las sorpresas también resultan muy gratas. Van desde la inclusión de Daniela Camacho (y su inolvidable “Plegaria de mujer sin lengua”), las revisiones de algunos clásicos por parte de Alí Calderón, una singular poesía amorosa a cargo de Samuel Espinosa Mómox (“Este amor ya lo cantaron otros” dice en el inicio de un poema) o la poesía jurídica –no por simpática menos cruda– de Manuel de J. Jiménez. De este último citamos un fragmento de “Pliego de posiciones a Joseph K.”:

 

1. Diga su nombre completo sin abreviaturas, no use

siglas indulgentes para silenciar las letras de su padre.

2. Indique su profesión real o un oficio frustrado.

3. Describa su ciudad natal ubicando el torbellino de

palomas que derrumban las catedrales.

4. Localice en el mapa su casa de niño y todos los espantos

que caían cuando se bañaba.

5. Enliste sin errores fonéticos cada sílaba palpada en

las noches anteriores a su arresto.

6. Muestre una identificación que lo acredite como

ciudadano contiguo de todos los daños.

¿Cuántos tic-tacs claudicaron en la mañana de su detención?

¿Anotó la hora con cada segundo a salvo?

¿Qué cobija arrastró cuando llegó la policía a su casa?

¿Quién es su defensor por los cargos que se denuncian en

las cavidades claroscuras de las sienes?

¿Dónde tarareó los himnos de una Alemania vieja?

¿Cuántos años memorizó las leyes aplicables a su caso?

¿Con qué promedio lo calificaron en la escuela?

 

Este libro: compañía cálida y ante todo fuerte en su sencillez, en su capacidad de susurro. Pues por obra de la diosa Fortuna –otra vez– la verdadera poesía, la que vale una y todas las penas, no hace mucho ruido. Es una sombra, un hálito, algo muy discreto establecido entre pocas personas, quienes destinan unos cuantos momentos de las jornadas y los afanes con el fin de volver a hechizarse gracias al poder del poema, esa forma nada convencional de decir, de vivir experiencias, entre los engaños y las epifanías del tiempo convulso que nos tocó en suerte.

Si quiere obtener más información acerca de la antología Postal del Oleaje, puede visitar la página de la editorial independiente Con Las Uñas, el rincón web de la Universidad Autónoma de Nuevo León, o en la Revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida.