Nicolás Caballero Arenas: la cara joven de la fotografía de moda

Nadia González Bautista / @nadieshda007

 

A los 22 años, Nicolás Caballero Arenas ya es una referencia conocida dentro del medio de la fotografía de moda colombiana. Su estilo es reflejo de una mirada permeada por influencias como el cine y la estética de los videoclips. Pese a que calificativos como el de “niño prodigio” pueden sonar acartonados, lo cierto es que Nicolás tiene talento de sobra y para rato.

Claro, preciso, seguro. Así es Nicolás. Con un norte muy bien definido, este fotógrafo bogotano llegó al panorama de la moda colombiana pisando fuerte y revolucionando todos esas ideas preconcebidas sobre lo que “debe ser” la fotografía de moda. Su interés por el cine y su inquietud por explorar nuevos lenguajes y nuevas tecnologías le han dado el bagaje suficiente para instalarse en el imaginario de un grupo de personas que, además de admirar su trabajo, lo han tomado como influencia. Hijo y nieto de artistas, la sensibilidad característica de sus imágenes lo ubican como una promesa, no solo de la fotografía sino del ámbito cultural de este país.

“Me gradué del colegio a los 16 años y a esa misma edad entré a la Universidad Jorge Tadeo Lozano a estudiar Diseño Industrial, en el 2009. En esa época para mí un fotógrafo era el típico personaje con gorrita que tomabas fotos de eventos como bodas o fiestas de quince años, yo no veía la fotografía como una carrera, ni siquiera sabía que existían directores de fotografía en el cine, no tenía idea de nada. De repente, ahí en la Universidad empecé a relacionarme con estudiantes de cine y esto me abrió un mundo nuevo, me mostró que este medio es muy amplio y decidí trasladarme a la carrera de Imagen Fotográfica, ya que de todas formas la fotografía siempre me había llamado la atención.

”Durante mis estudios de Imagen Fotográfica empecé a tomarles fotos a bailarines contemporáneos, este interés surge en parte porque mi mamá, Sandra Arenas, tiene una escuela de ballet. Por otro lado, una amiga mía de la Universidad Javeriana estaba haciendo un proyecto sobre bailarines y le dije que quería hacer un registro fotográfico de ese proyecto. El ballet siempre ha sido visto como una práctica muy elitista, muy de nicho, y esta amiga quería mostrar la falta de cultura que hay en Colombia sobre este tema. Hicimos intervenciones en la calle, en diferentes lugares de la ciudad se realizaron coreografías y para la gente del común fue muy extraño ver este tipo de cosas; yo registré toda esta experiencia y como había visto ballet toda mi vida por la profesión de mi mamá, entonces sabía a qué pasos exactamente tomarles fotos. De ahí me empecé a interesar por registrar el cuerpo humano y por el movimiento que propicia la danza. También he tomado fotografías a mi mamá en la Ópera de París.

 

”Es en este momento cuando yo entro al mundo de la moda. Existe un prejuicio muy frecuente hacia este mundo (yo en un comienzo lo tenía, lo reconozco) y es que se percibe como algo superficial. Pero de repente me reconcilié con la moda cuando comprendí que allí se exigen una serie de premisas muy bien pensadas, que puede que tengan más contexto que una película mediocre, por ejemplo. En la moda se puede proponer una narrativa, o por lo menos un concepto, tienes un personaje que es la modelo, tienes dirección de arte, es como una producción de cine más pequeña, es casi como rodar una escena. Todo empezó porque una amiga mía, Alejandra Godoy, tenía un blog de moda y cuando iba a llegar la marca Tommy Hilfiger a Colombia, a varios blogueros les dieron ropa de esta marca para que hicieran una nota y ella me llamó para que hiciéramos una producción. Ese fue mi primer acercamiento a la moda. Todo esto hacía parte de un concurso y quedé de segundo, después de un fotógrafo muy bueno, Giorgio Del Vecchio. Quedar de segundo me hizo pensar que quizás yo podría dedicarme a la fotografía de moda y que podría irme muy bien. Seguí trabajando con esta amiga fotografiando varias marcas”.

 

Paralelamente a la fotografía de marcas reconocidas, Nicolás empezó a interesarse más de lleno en el mundo del cine participando en rodajes como asistente y realizando la foto fija. Estas colaboraciones, sumadas a su cinefilia, le brindaron ese punto de vista único que, por un lado, expone códigos propios de la moda y, por el otro, incluye la composición y la puesta en escena de lo cinematográfico. A partir de este sincretismo, nacería un estilo propio que implica la reunión de varias influencias en un solo motivo visual.

“Cuando me empezaron a llamar para pedirme imágenes que tuvieran ‘mi estilo particular’, ahí pensé que quizás sí había tomado el camino correcto. Me gusta mostrar en mis fotos una onda muy teatral, oscura, sobria, desaturada, me gusta mostrar la mujer como un ser sublime, como un personaje casi fantasioso, la imagen de la modelo ‘sexy’ no va conmigo. Este es un estilo que todavía voy construyendo sobre la marcha, tampoco llevo muchos años en la fotografía para poder decir: ‘este es mi estilo’. De todas formas sí se nota que tengo un punto de vista muy particular, para algunas personas me he vuelto casi un referente, eso es algo que me parece muy chévere.

 

” Mis referencias iniciales para tomar fotos son sobre todo películas y videoclips, aunque ahora estoy más juicioso en el tema de revisar el trabajo de fotógrafos reconocidos. Eso puede ser bueno y malo al mismo tiempo. Bueno porque el hecho de que mis influencias no sean propiamente del mundo de la moda me da la distancia suficiente para que mi trabajo sea diferente de lo que se hace a diario, pero también es malo porque me ha sucedido que estando en pleno proceso de tomar una fotografía, me siento más preocupado por el acting de la modelo o por la locación, que por las propias prendas de ropa, que son el fin último de una fotografía de moda. También ha sido un inconveniente que hago mucha foto horizontal, siguiendo el formato cinematográfico, cuando la composición que se requiere para editoriales y medios impresos es más vertical. Yo a veces pienso en mis fotos como el fotograma de una película y en ocasiones eso me complica las cosas, pero ahí sobre la marcha me voy adaptando, estoy encontrando mi propio punto de equilibrio”.

 

Una vez su estilo es asimilado y apetecido, artistas de ámbitos como el cine y la música, también empiezan a interesarse en su estética. Evidentemente, siendo el videoclip el formato en el que convergen estas dos disciplinas, este lenguaje será la plataforma de lanzamiento que lo confirmará como un artista que sabe adaptarse a las demandas de un público no solamente joven, sino acostumbrado a recibir discursos en los que las hibridaciones entre géneros y formatos son habituales:

“Siempre me gustó estar en rodajes y también tengo la firme intención de consolidarme como director de fotografía. Hasta el momento he participado en varios videoclips, no solo desde la fotografía sino también dirigiendo, es un formato con el que me siento muy cómodo. Mi estilo está en un punto intermedio; en el ámbito comercial me dicen que mi trabajo es demasiado artístico pero cuando quiero exponer una foto mía como arte, me dicen que es muy comercial. De pronto por eso es que me gusta tanto el videoclip, porque es un formato cuyo lenguaje permite experimentar muchísimo sin encasillarse necesariamente en una etiqueta”.

 

Su experiencia fuera del país le ha permitido descubrir que, desafortunadamente, la fotografía de moda colombiana es reconocida por mostrar una estética exageradamente producida, en la que la imagen de la mujer se encasilla en el estereotipo de la voluptuosidad y el exceso de retoque en la posproducción es el pan de cada día, todo esto muy alejado de las tendencias en boga a nivel mundial:

“En este momento acabo de llegar de Buenos Aires de hacer un posgrado en fotografía de moda en un lugar que se llama FotoDesign Argentina. Duró cuatro meses. Lastimosamente aquí y en el exterior me di cuenta que cuando un trabajo ‘no parece colombiano’ da la connotación de que es bueno y eso me da un poco de tristeza porque en Colombia sí hay demasiado talento, quizás es talento que está escondido o quizás lo que faltan son más oportunidades de mostrarlo afuera. Aquí hay muchas ganas y muy buenos fotógrafos pero definitivamente sí hace falta financiación, que las marcas aprendan a confiar en este talento emergente y se comprometan financieramente.

 

” La mayoría de las marcas comerciales y los clientes temen arriesgarse a mostrar una imagen diferente, siempre van a la fija, a lo masivo, y si deciden arriesgarse, dan muy poco presupuesto porque no asumen que esto se trata de una inversión a largo plazo. Por ejemplo, algunas publicaciones sobre música o cultura urbana, lo que hacen es tomar a estudiantes de fotografía, los envían a un concierto con el estímulo de que van a entrar gratis y ellos toman las fotos de los eventos sin cobrar, al final estas publicaciones sí usan esas fotos sin haber pagado un peso y para un próximo concierto toman un estudiante nuevo y lo motivan con la misma promesa de la entrada gratis, y así sucesivamente, nunca pagan o remuneran este trabajo de la manera que lo merece. Si estas publicaciones pagaran a un fotógrafo profesional tendrían una identidad y una imagen que las diferenciaría por su calidad, por eso insisto en que de todas formas sí es buena una inversión remunerar correctamente a los profesionales de este medio. Por esta razón es que los fotógrafos colombianos realmente buenos terminan yéndose del país, se van a otros lugares en donde su trabajo sí es apreciado. Muchas marcas solo quieren copiar la imagen de otras marcas extranjeras entonces no se preocupan por buscar alguien que proponga una identidad, sino que replican lo que ya ha sido exitoso y vendedor en otras partes”.

Al conversar con Nicolás sobre la supuesta frontera existente entre la fotografía de moda comercial y la fotografía con intención artística o avant-garde, esto fue lo que comentó: “Ese término avant-garde ya lo estoy escuchando demasiado y ya me parece hasta gracioso porque a mí se hace (sin generalizar por supuesto, hay fotógrafos muy serios) que tiene que ver con aquellas personas que no saben de moda y hacen cualquier cosa extraña que hayan visto en una revista extranjera y le ponen ese título avant-garde, que para mí está empezando a significar más o menos: ‘no sé que estoy haciendo, no sé qué tipo de estética hay en estas fotos, ni siquiera sé qué época quiero emular’, casi como un estilo experimental pero sin conceptos artísticos definidos. Debería reforzarse mejor esa idea de lo avant-garde, porque yo personalmente estoy empezando a relacionarlo con proyectos del tipo: ‘le pongo una cubeta a la modelo en la cabeza porque sí’, o ‘le pongo un gorro de icopor con unos taches incrustados’ y creo que de eso no se trata”.

Es bien sabido que la fotografía de moda con intenciones artísticas o no comerciales se ha visto limitada en el contexto local por problemas de presupuesto y financiación. Las personas que han logrado sacar adelante proyectos de este tipo, casi todos han puesto dinero de su bolsillo o son colectivos de personas (fotógrafos, diseñadores, modelos, maquilladores) que “intercambian material”, es decir, cada uno realiza su trabajo sin cobrar dinero a cambio de tener unas buenas imágenes que incluir en su respectivo portafolio. Esta es la opinión de Nicolás al respecto:

“Mi fotógrafo favorito se llama Eugenio Recuenco, es español, también me gustan Steven Meisel, Evelyn Bencicova y un fotógrafo francés que se llama Le Turk, su estética es muy teatral. Hay un chico colombiano que vive en Argentina, se llama William Kano, es una persona que ha logrado desarrollar una estética muy especial a pesar de hacer generalmente fotografía comercial. Yo no he encontrado la forma de que en Colombia el tipo de trabajo que hacen estos fotógrafos se vuelva rentable, porque requiere mucho tiempo, mucha producción, equipos de trabajo grandes, entonces si uno pretende hacer una producción así queda como el pretencioso, como el que se quedó a la mitad del camino, en fin, es un tema complicado.

”También puede ser contraproducente que se tenga una imagen del fotógrafo como el personaje que ama su trabajo y que de todas formas va a terminar participando en un proyecto, así no esté muy bien remunerado, simplemente porque este proyecto es muy bueno y lo puede incluir en su portafolio. Eso ha hecho mucho daño en el contexto colombiano, tenemos que empezar a pensar que el trabajo del fotógrafo es un trabajo profesional como cualquier otro y merece ser tratado con seriedad”.

 

En vista de los inconvenientes financieros que supone la ejecución de este tipo de proyectos, internet se ha convertido para muchos fotógrafos en una alternativa rentable y factible. Desde publicar estas iniciativas en sitios web dedicados a la recaudación de fondos como Kickstarter, hasta subir el portafolio a bancos de imágenes que venden fotografías, la red no solo proporciona un mercado y un público sino que es la ventana de exhibición más eficaz de nuestros días. Esta ha sido la experiencia particular de Nicolás en la red: “Vogue Italia tiene una sección que se llama PhotoVogue, en la que publican fotografías que a ellos les gustan solamente para la edición digital, entonces uno manda las fotos, estas pasan por unos filtros y, al final, si son escogidas, además de ser publicadas en esta sección, Vogue Italia liga la cuenta de PhotoVogue con una plataforma que se llama Art and Commerce, que sirve como una especie de banco de imágenes o portafolio para vender el trabajo de uno y esta plataforma ingresa directamente en la cuenta bancaria personal el dinero que se obtenga por la venta de alguna imagen que esté expuesta allí. Si un cliente está interesado en una foto y la compra, el 50% de la ganancia va para Vogue y el otro 50% para el fotógrafo. He enviado varias imágenes a PhotoVogue que ya han sido aceptadas y ya hago parte de todo este sistema. A partir de esta experiencia yo estoy intentado que todo el posible mercado para mi trabajo se dé vía red, mucha gente está ganando más dinero de esta manera”.

 

Sin embargo, a pesar de la predominancia de internet en todas las formas de comunicación masivas, la fotografía de moda debe ser replanteada de acuerdo a las necesidades de los públicos de hoy en día, ávidos de experiencias únicas y memorables en las que la tecnología juega un papel crucial. Como es de esperarse, Nicolás ya está tomando cartas en el asunto y tiene varias ideas: “Actualmente estoy haciendo fotografías en 3D, imágenes de anaglifo para ser vistas con gafas especiales. Me puse a investigar sobre un aparato que se llama Oculus Rift, que está hecho sobre todo para videojuegos y lo que hace es crear realidad virtual, producir imágenes en 3D. Hay otro aparato que escanea el cuerpo a través de ondas, con el fin de producir imágenes del cuerpo también en 3D, estoy indagando sobre todo esto porque pienso que la fotografía para medios digitales puede evolucionar hacia puestas en escena más teatrales, en las que el espectador pueda apreciar una imagen desde cualquier punto de vista y en 360° grados. Estas ideas están en periodo de prueba, lo que sí he logrado de manera exitosa es imprimir imágenes en 3D mediante el trucaje de unos lentes especiales, lo que busco es que las impresiones lenticulares, o sea los hologramas convencionales en los que uno se mueve de un lado a otro y la imagen cambia, permitan que solamente algunos objetos de la imagen se alteren, no toda la foto, es decir, que solo la cabeza de los modelos se muevan, que solo una prenda de ropa cambie, en fin, me imagino la posibilidad de imprimir revistas que tengan estas imágenes y que vengan con las gafas incluidas, eso cambiaría totalmente la experiencia de apreciar la fotografía de moda, ya sea comercial o no, la haría mucho más dinámica e interactiva. Además revitalizaría la circulación de medios impresos aquí en Colombia, porque se estarían brindando una experiencia que difícilmente se puede apreciar en la pantalla de un computador. Dado que ahora mismo también estoy trabajando con músicos, ellos son los que más se arriesgan a incluir este tipo de cosas en las piezas gráficas que utilizan.

”También quiero involucrarme mucho más en el tema de los fashion films; se me hace que es un campo prácticamente inexplorado aquí en Colombia. Me gustaría hacer historias como las de David Lynch, quien hace unos fashion films muy buenos. Ahora mismo tengo una idea que quiero realizar lo antes posible y es crear una plataforma digital, para internet, que permita clasificar videoclips y fashion films, y que además contenga detrás de cámaras y entrevistas. Será una plataforma dirigida especialmente a los músicos y los productores audiovisuales, que sirva no solamente como archivo de videos ordenados y clasificados, sino que tenga conteos e información relacionada con lo que sucede en la red, ya que considero que el futuro está en internet”.

Se escucha en conversaciones entre personas del mundo de la moda colombiana que ya es necesaria una renovación, no solo de las estéticas sino también de los discursos. Quizás el trabajo de un fotógrafo como Nicolás Caballero Arenas es la demostración de que ya es momento de pasar la antorcha: los nativos digitales llegaron para quedarse.

Visita el sitio web de Nicolás: http://nicolascaballero.com/ y síguelo en su fan page en Facebook.