“Navidarks”

Daniel Bonilla / @Seppukultura

 

Sí, lo sabemos. Hacer, por esta época, un listado con recomendados cinematográficos de navidad es una actividad de lo más predecible, solamente comparable con hacer listados de, digamos, las mejores películas (o discos, conciertos, temporadas de series de televisión, videoclips, comerciales, libros, ferias de arte…) del año. Más aún cuando las películas navideñas constituyen por sí solas poco menos que un género completo y casi todos hemos visto montones de ellas a lo largo de nuestras vidas.

Sumemos a ello que la navidad no se cuenta entre mis afectos más cercanos y que, más bien, el empalague de buenos deseos, los excesos en el comer y el beber, el afán irrefrenable por consumir cualquier artículo que sale al mercado y el énfasis mediático puesto sobre todo lo que ocurre por estas fechas alcanzan a rayar en lo insoportable, haciendo que sea prácticamente imposible sustraerse a escenarios un poco más tranquilos y menos descontrolados.

En mi caso particular, el cine siempre ha constituido una buena alternativa para hacer contrapeso a todo tipo de situaciones caóticas –como la navidad y las fiestas de fin de año– por lo que significa como invitación al reposo. Y esto no implica necesariamente que me gusten las películas pausadas o livianas ya que, incluso, siento mayor predilección por aquellas propuestas que provocan cuotas altas de desconcierto. Supone más bien que el encuentro con las películas, en un teatro o en la comodidad del hogar, es uno de los pocos momentos que este veloz mundo provee en donde es posible callar durante un buen rato simplemente para recibir. Pero, ¿recibir qué? Lo que sea. A veces eso que uno recibe vale la pena, otras veces no tanto, pero lo que adquiere especial importancia para mí es ese acto silencioso que permite que dispongamos nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con total desprecio por todo lo terreno para que al iluminarse la pantalla lo que allí acontezca estimule nuestros sentidos y, en ocasiones, more eternamente en lo más profundo de nosotros mismos.

Ya luego viene la posibilidad de regurgitar, bajo la forma de críticas, reseñas, conversaciones de café o listados como este, eso que se recibió. Todo ello, por supuesto, inferior e inútil si de compartir una experiencia se trata. Valioso, a veces, como recurso del mercado y la publicidad; valioso, otras tantas, para la afirmación del ego de muchos, de todos los que se mofan de haberlo visto todo, de haber visto lo que nadie aún.

De esta forma, y sustentado en la anterior declaración de principios, lo que encuentro interesante es esa posibilidad que permite el cine de recibir sin que se tenga que dar algo de vuelta. En la navidad, y esto es algo que se supone cierto para casi todas las culturas que la celebran, todos dan y todos reciben. Es una época privilegiada para el intercambio, para la transacción. Por el contrario, los “intercambios” que hacemos con las películas, son más bien ilusorios. Creemos, casi como un acto de fe, que aquello que devolvemos tiene algún tipo de relevancia. Lo paradójico es que por ello a veces nos pagan, nos invitan a dar conferencias, nos llaman de emisoras a pedir declaraciones o ganamos seguidores en Twitter. Creería que el mejor acto de respuesta frente a una película sería hacer otra película pero eso es un poco más complejo de explicar en estas líneas. O tal vez no, pero creo que esa explicación me la puedo ahorrar y dejarla para otra entrada. Así que me quedo, por ahora, con el silencio como forma privilegiada de la experiencia cinematográfica. Irónicamente, tengo que recurrir a las palabras para poder “decir” algo de ese silencio, con lo cual, caigo irremediablemente en todo eso que parecería que condeno.

Este, entonces, es un listado más de tantos que hay por allí, por allá y acullá. No tiene mayor pretensión que la de sugerir algunas posibilidades, nada más que eso. Son nueve, pero podrían ser siete o trece. Digamos que son nueve porque nueve son los círculos del infierno, o porque son nueve los días de la novena de aguinaldos. Y este es prácticamente el mismo mecanismo que utilicé cuando hice una “selección de once” películas sobre fútbol. ¿Es necesario decir algo más al respecto?

Nueve películas y un par de líneas por cada una. Nueve “valientes, esforzadas y generosas” películas sobre la navidad, para que los cultores del idioma no me destrocen por el mal uso de un vocablo. Nueve momentos cinematográficos que en algún punto me dijeron algo sobre la navidad pero que también me alejaron de ella.

                                                                 

Black Christmas. Bob Clark (Canadá, 1974)

Una muy bien lograda película de terror navideño setentero. Involucra un embarazo, un asesino de mujeres jóvenes y eso que yo llamaría: “la sospecha siempre recae en el mayordomo”. También cuenta con la actuación de la bella Margot Kidder (sí, la misma que todos recuerdan en el papel de Lois Lane en las películas de Superman de los setenta y ochenta).

 

 

The Silent Partner. Daryl Duke (Canadá, 1978)

También setentera y también canadiense. Es navidad y un ladrón disfrazado de Santa Claus entra a robar un banco, pero comete un par de errores que permiten que uno de los empleados tuerza todo a su favor. Ladrón que roba ladrón…

 

 

Brazil. Terry Gilliam (Reino Unido, 1985)

Una de las obras maestras de Terry Gilliam. La navidad está allí contenida pero por momentos no lo parece. Todos se saludan y se dan regalos vacíos y sin sentido (¿tan parecido a la realidad?). Y siempre galopando una maquinaria burocrática infernal, un gobierno totalitario y un consumismo despiadado (¿tan parecido a la realidad?). Brazil recuerda a Kafka y recordar a Kafka no siempre es la experiencia más agradable de todas.

 

 

El día de la bestia. Álex de la Iglesia (España, 1995)

La película con la que Álex de la Iglesia saltó a la fama. El Anticristo nacerá en la noche de navidad en Madrid y un cura, un metalero y un charlatán de programas esotéricos tendrán que impedirlo. ¿Se reirá uno de las acciones hilarantes de la película o de que este mundo se dirija inevitablemente al abismo?

 

 

Smoke. Wayne Wang (Estados Unidos, 1995)

Un escritor está agobiado porque no puede escribir un cuento de navidad que le ha sido encargado, ya que un cuento con esa temática es para él un asunto menor. La confluencia de unos paquetes de cigarrillos, un vendedor de tienda de víveres y una cámara fotográfica robada le dictarán la historia que necesita. Está basada en “El cuento de navidad de Auggie Wren”, de Paul Auster, quien también escribe el guion de esta película.

 

 

Ojos bien cerrados. Stanley Kubrick (Estados Unidos, 1999)

Sobre Kubrick y esta película, la última que dirigió, se ha dicho de todo, así que no diré más para no caer en excesos. Cierren los ojos, o ábranlos mucho más bien, y fantaseen. La navidad también puede ser una excusa para explorar lo más oscuro de nuestros deseos.

 

 

Bad Santa. Terry Zwigoff (Estados Unidos, 2003)

Producida por los hermanos Coen, esta película presenta a un protagonista totalmente ajeno al paradigma del personaje lleno de valores y cualidades: perdedor, alcohólico, ladrón de poca monta. Se disfraza de Santa Claus y tiene por compañero a un enano afroamericano que viste de duende con el que asalta cadenas de almacenes en Estados Unidos. Lo curioso es que si esta película denigra en un principio todo lo que acontece alrededor de la navidad, al final lo ensalza. Pasa mucho con algunas películas gringas que terminan defendiendo los valores familiares y el sistema establecido que previamente han criticado.

 

 

Inside. Alexandre Bustillo y Julien Maury (Francia, 2007)

Nuevamente una película de terror con una mujer embarazada en la víspera de la noche buena. Es posiblemente una de las más gore que haya visto en mi vida, con escenas terriblemente pesadas. Este par de directores no escatiman en inundar la pantalla con cantidades absurdas de sangre y mostrar toda suerte de mutilaciones, así que si decide verla, sepa que debe estar preparado para un alto grado de conmoción.

 

 

Rare Exports. Jalmari Helander (Finlandia, 2010)

Mi favorita de todas. “De la tierra del Papá Noel original”. Estos finlandeses se las traen porque son capaces de convertir el más tierno cuento infantil en la historia de terror más inquietante. Santa Claus ya no es el viejo bonachón y tierno que trae regalos a los niños sino un demonio temible y castigador. Si además de verla también quiere conocer los cortos que dieron origen a esta película, pulse acá y acá.