Una entrega en Navidad

Diego López García / @Lopezgrafico

 

Un cuento de Navidad dedicado a todos los trabajadores independientes, a todos aquellos que sufren cuando los encargos y las entregas que deben hacer en diciembre se convierten en un calvario creativo y burocrático.

 

Una noche de diciembre

un joven independiente

azuzaba con fervor

las líneas en Photoshop,

para entregar prontamente

el trabajo que pidió un cliente

y que había dejado pendiente

por falta de aprobaciones

y vistos buenos del comité.

 

 

Urgía el tiempo al muchacho

porque por su desparpajo

dejó todo para el día

que la entrega prometía

y sin más remedio tuvo

que la noche pasar derecho

por culpa de su vagancia

y del trabajo mal hecho.

Gastó horas de su tiempo

procrastinando sin culpa,

buscando cosas en Google,

viendo videos en YouTube

y chateando sin disculpa.

 

 

El cliente, que apura urgido,

envía mensajes al chico

porque su preocupación

es que con tiempo planeó

su anhelada vacación

y no puede retrasarla

por aquel diseñador

que no entrega los archivos,

y viene el cierre fiscal

que no lo deja dormir

porque tiene que gastar

con premura el presupuesto

y así no se le recorte

el flujo al departamento.

 

 

Llegando la madrugada,

el muchacho al fin entrega

y se duerme con la espera

que en la mañana ya pueda

dejar el proyecto atrás

y después ir a pasar

los papeles para el pago

que son como una avalancha

que a nuestro pobre atormentan.

 

 

Pero la dicha no es mucha

porque al salir de la ducha

recibe el primer correo

que anuncia una desventura:

“Hemos visto lo que enviaste

y nos gusta por ahora

pero cambia los colores,

cambia las formas que usaste

y también cambia la fuente,

la madre del presidente

lo vio y no le convence”.

 

 

Estando cerca a la meta

nuestro joven proletario

ha de volver a sentarse

en su tieso mobiliario

y no salir de su encierro

hasta que el querido cliente

y toda su comitiva

(padres, amigos, primos,

conocidos y sirvientes)

le entreguen su visto bueno

al trabajo recibido

y ya a los sesenta días,

después de pasar tres cuentas

y pagar parafiscales,

nuestro querido reciba

su preciada recompensa

por la tarea cumplida.