Después del Muro

Daniel Bonilla / @Seppukultura

 

El pasado 9 de noviembre se cumplieron 25 años de la caída de uno de los símbolos más potentes de la agitación política, social y militar del siglo veinte. Tras 28 largos años en los que la ciudad de Berlín estuvo partida en dos, finalmente la noche del 9 de noviembre de 1989 fue derribado el muro que cortaba su paisaje como infame herida.

Hoy en día, las ruinas del Muro de Berlín, esos trozos de historia, constituyen la huella imborrable de un pasado nefasto que la nación alemana, y con ella el resto de Europa, no ha podido olvidar: el ascenso del nazismo en Alemania y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, cuyas consecuencias aún se siguen evidenciando en el ajedrez geopolítico mundial. Por supuesto, es necesaria la mención al periodo de posguerra denominado Guerra Fría, durante el cual las potencias ganadoras de la contienda, no solo ejercieron el dominio político y económico en vastas zonas a nivel global sino que también se repartieron, cual cadáver desmembrado, los restos del territorio germánico, incluyendo su capital.

Frente a ese panorama, del cual se ha mencionado aquí una ínfima parte, es posible afirmar que una vertiente importante del cine contemporáneo alemán, principalmente el de la primera década del siglo 21, ha sabido decantar mucho de ese peso histórico ya referido y volcarlo en películas con una mirada profundamente reflexiva, también crítica, respecto a las grandes transformaciones sociales y culturales que se produjeron en Alemania en la segunda mitad del siglo veinte. Se trata, pues, de una generación de directores que lograron convertir el cine en vehículo para la memoria y la reinterpretación de la historia política. Pero no estamos hablando de una generación homogénea en sentido estricto –algunos rondaban los treinta años cuando cayó el Muro y otros eran aún adolescentes–, como tampoco de inquietudes similares, pero la coincidencia radica en el aprovechamiento estético y narrativo que le han dado al pasado y sus consecuencias.

Seguramente muchos de ustedes ya conocen el puñado de películas que señalaremos a continuación porque, en buena hora, algunas asomaron por las salas de nuestro país; también porque en sus particulares recorridos por el mundo se han llevado los más altos galardones de la industria. No en vano varias ya se consideran auténticos clásicos contemporáneos y constituyen una muestra de la buena salud del “novísimo” cine alemán (“novísimo” para no confundir con el movimiento denominado “nuevo cine alemán”, de las décadas de los sesenta, setenta y ochenta, al que pertenecieron personajes tan ilustres como Rainer Werner Fassbinder, Volker Schlöndorf, Werner Herzog y Wim Wenders, entre otros). Buena salud, además, que no está marcada por la ligereza de sus temáticas sino por la destreza para hacer mirar hacia lo más íntimo y macabro de una sociedad atravesada por la desdicha y el dolor.

 

El cielo sobre Berlín. Wim Wenders (1987)

Este listado de recomendados empieza con una excepción. Una película de 1987, dirigida por uno de los maestros indiscutibles del cine alemán: Wim Wenders. Y es una excepción porque El cielo sobre Berlín (también conocida en español como Las alas del deseo) no hace parte de esa reciente tendencia que ya hemos mencionado, pero de cierta forma la prefigura. Es una película, estrenada cuando aún el Muro estaba en pie, en la que vemos un par de ángeles deambulando por las calles y los cielos (valga la redundancia) de una ciudad fría, gris, como sin alma, infundiendo valor y ánimo en los humanos que encuentran a su paso. Uno de ellos, Damiel (interpretado por Bruno Ganz), quiere conocer el amor y lo busca afanosamente, en cada rostro, en cada lugar que recorre. En síntesis, una hermosa metáfora –repleta de poesía por demás– sobre lo que significa estar arriba o abajo, adentro o afuera, de este lado del Muro o del otro. Y el amor siempre manifestándose como materia inasible a la que todos aspiran y buscan sin cesar.

 

 

El experimento. Oliver Hirschbiegel (2001)

Un grupo de hombres acude al llamado de un anuncio clasificado en el que se solicitan voluntarios para un experimento psicológico. Los escogidos reciben la orden de asumir el rol de carceleros o presos, con todas las implicaciones que ello conlleva. El experimento consiste en que, durante varios días, se medirá el comportamiento de cada uno de los sujetos involucrados de acuerdo con su papel asignado. Una lectura posible de esta película apunta a que, sin hablar directamente del nazismo, su director Oliver Hirschbiegel explora, en una suerte de laboratorio siniestro, los mecanismos por medio de los cuales el poder hace aparecer el lado más oscuro del alma humana. Las consecuencias letales de que un sujeto se identifique absolutamente con el mandato de hacer cumplir la ley por encima de cualquier cosa, hasta llegar a límites monstruosos en los que el otro, el que debe obedecer, queda reducido a su condición de puro objeto, de cosa inservible, de desecho (para la muestra, Auschwitz). Este asunto, muchos coinciden en ello, se encuentra a la base del surgimiento y posterior expansión de la ideología nazi.

 

 

Good bye, Lenin! Wolfgang Becker (2003)

Con claros tintes de comedia, esta película relata la historia de una mujer orgullosamente socialista que vive feliz en la República Democrática Alemana y que, producto de un infarto, permanece en coma durante varios meses. Durante su sueño, el Muro de Berlín ha sido derribado y el capitalismo ha entrado con fuerza en la RDA. Su hijo, consciente de que este cambio en el estado de cosas podría matar a su madre, se da a la tarea de simular una realidad paralela, con ayuda de un amigo aspirante a cineasta, en la que el mundo sigue igual a como estaba antes de que su madre cayera en coma. Algo bien valioso de esta película es su particular énfasis en la vida cotidiana de los ciudadanos de a pie –de uno y otro lado–, esos directamente afectados después de un acontecimiento de las dimensiones de la caída del Muro y la posterior reunificación alemana.

 

 

Los edukadores. Hans Weingartner (2004)

Dos jóvenes, que se hacen llamar “los edukadores” (sí, con “k”), suelen salir por las noches e irrumpir en las casas de millonarios para desordenar sus cosas, para poner algo de caos en sus vidas, para que no se sientan tan seguros. Al mismo tiempo, la novia de uno de ellos ve cómo su vida se vuelve un infierno por cuenta de una deuda que no puede pagar por más que se esfuerce trabajando como mesera. La convergencia de estos tres personajes hará que lo que inicialmente era una suerte de rebeldía política se transforme en un secuestro involuntario y suscite una prolongada reflexión sobre el sistema capitalista y su incidencia en una sociedad donde, por cuenta del dinero y la circulación de bienes y mercancías, la brecha entre aquellos que tienen mucho y aquellos que no tienen nada cada vez es más grande y descarnada.

 

 

La vida de los otros. Florian Henckel von Donnersmarck (2006)

Aclamada ópera prima de este joven director alemán. A mediados de los ochenta, en la RDA, la Stasi, el órgano de inteligencia estatal, vigila con un sofisticado sistema (para la época) la vida de los ciudadanos y así logra detectar cualquier posición en contra del gobierno. Es entonces cuando se le confiere a un agente la misión de espiar todos los movimientos de un reconocido escritor y dramaturgo. Y aunque este último es partidario del régimen, a medida que trascurre la historia vemos cómo va cambiando su posición, en parte porque su novia mantiene una relación secreta con el ministro de cultura y porque, además, uno de sus mejores amigos, otro escritor, vigilado y censurado, decide suicidarse ante la imposibilidad de continuar con su trabajo. Pero el sustrato más interesante de la historia se encuentra del lado del agente espía que, en el ejercicio de una misión que ha ejecutado miles de veces, comienza a ver su oficio de otra manera y le da un viraje radical.

 

 

Cuatro minutos. Chris Kraus (2006)

Una mujer, con muchos años encima, es profesora de piano en un centro de reclusión para mujeres. Allí conoce a una joven prodigio que es a la vez portadora de una violencia interior extrema que no duda en descargar contra cualquiera que se encuentre en su camino. La mujer mayor, antigua enfermera en un hospital nazi, inicia una relación de maestra-discípula con la joven, que le permite recordar algunos de los episodios más turbios de su pasado, pero que también le regala una nueva esperanza en el ocaso de su vida. En medio, la música, capaz de curar y de destruir todo al mismo tiempo.

 

 

La ola. Dennis Gansel (2008)

Otro experimento, esta vez al interior de una escuela secundaria y que de igual forma como se expuso líneas arriba con la película El experimento, pone el lente sobre lo que ocurre cuando las masas se empiezan a movilizar siguiendo los preceptos extremos de alguna ideología. De nuevo, un ataque velado al nazismo y su poder adoctrinador, pero, curiosamente, una de las películas más taquilleras en la historia del cine alemán, lo cual puede sugerir cierta madurez y aprendizaje en una sociedad que con el paso de los años ha encarado con valentía ese difícil acto de mirarse a sí misma, con todos sus errores y defectos.