Una introducción a Emir Kusturica

Daniel Bonilla / @Seppukultura

 

Emir Kusturica es el guitarrista de una banda de rock gitano llamada The No Smoking Orchestra con la cual ha girado por el mundo entero. Es también uno de los más celebrados directores de cine de las últimas cuatro décadas y de los pocos que ha recibido en dos ocasiones la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes, para muchos el más importante del mundo.

Nació en la ciudad de Sarajevo, cuando la república de Bosnia y Herzegovina aún hacía parte de la antigua Yugoslavia. A pesar de haber nacido bosnio y musulmán, se declaró públicamente serbio y ortodoxo, encarnando en su propia persona ese espíritu dividido de una nación minada por luchas intestinas étnico-religiosas que dieron lugar a las llamadas guerras balcánicas a comienzos de la década de los noventa, y que tuvieron como consecuencia la independencia de las repúblicas que hasta finales de la década de los ochenta conformaron la República Federal Socialista Yugoslava.

Una pincelada histórica, a manera de introducción, ya que el cine de Emir Kusturica es una muestra viva de ese tránsito entre una nación unificada a una totalmente fracturada. En este punto es importante destacar la figura del gran padre (para muchos el gran dictador) que fue el Mariscal Josep Broz “Tito”, cuya muerte en 1980, al parecer, dejó al descubierto la gran crisis de la nación yugoslava y detonó la catástrofe política, humanitaria y económica de las dos décadas siguientes.

Ese es, precisamente, el periodo de la actividad cinematográfica de Emir Kusturica que ha derivado en una obra sólida, profundamente politizada pero no panfletaria que se convierte en un termómetro importante al momento de revisar la historia reciente de esta convulsionada parte de Europa.

Traemos entonces cinco recomendados para iniciarse en la filmografía del que ha sido considerado el “Fellini de los Balcanes” porque logró convertir la tragedia, como en su momento bien hizo el director italiano, en una fiesta constante donde la música y el humor sirven como vehículos de la esperanza. Kusturica ha demostrado con sus películas que una de las maneras que tiene el cine para poder exorcizar demonios y curar heridas es carnavalizando el dolor. A su manera, y dependiendo del momento en que fueron hechas, cada una de sus películas apunta hacia esa dirección donde el sufrimiento de miles se transforma en fiesta y risa.

 

¿Te acuerdas de Dolly Bell? (1981)

Esta película es, formalmente, el debut como director de Emir Kusturica, y son varios los temas a destacar en ella. Por un lado, la presencia de la música, que será infaltable en todas sus películas de ahí en adelante, y por el otro, esa mirada, a veces sarcástica a veces grotesca, sobre la marginalidad. Todo esto contado a través de la historia de un adolescente roquero que debe sortear un padre autoritario y una familia agobiante. Una película que, además, sirve para dar cuenta del contraste de un país casi detenido en el tiempo frente a la creciente occidentalización que el mundo experimentó en la segunda mitad del siglo XX. Con esta película, Kusturica se hizo acreedor al León de Oro a mejor ópera prima en el Festival de Venecia.

 

 

Papá está en viaje de negocios (1985)

Su primera Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes y la entrada definitiva a las grandes ligas ya que ese año consigue una nominación al Óscar como mejor película en habla no inglesa, sin contar sus nominaciones y galardones en los premios yugoslavos del cine. Una película en la que Kusturica empieza a definir el estilo que lo caracterizará años después, ya que cuenta una historia a todas luces trágica sobre la persecución política en la década de los cincuenta durante el régimen de Tito, y de cómo la ficción tiene la potencia suficiente para sostener el peso de la tragedia y darle un viraje hacia lo cómico y lo absurdo.

 

 

Underground (1995)

Considerada unánimemente como la obra maestra de Kusturica. Su segunda Palma de Oro en Cannes y un punto de inflexión en su carrera filmográfica. Casi tres horas en las que se cuenta la historia de la ruptura de la nación yugoslava desde tiempos de la segunda guerra mundial hasta el estallido de las guerras intestinas de comienzos de los noventa. Si el cine aún puede ser entendido como una ventana a la realidad de países y territorios distantes, esta película es un buen ejemplo de ello. No es un drama histórico y no podría tomarse esta película como un aprendizaje objetivo sobre la historia, sino como metáfora de las consecuencias del poder en una sociedad. No se hacen muchas películas como esta en nuestros días, y difícilmente se harán en los años venideros, pero vaya que harían falta en tiempos agitados como los que vivimos, donde se hace necesario volver a encontrar la poesía que se hay detrás de la tragedia. La nuestra, la de todos. Recomendada su banda sonora, en cabeza de Goran Bregović que desencadenó una corriente de folclor global que en las últimas dos décadas puso a los sonidos gitanos en los primeros renglones del mercado y consumo musical mundial.

 

 

La vida es un milagro (2004)

Y si Underground es una película hecha en medio de los bombardeos y los disparos, La vida es un milagro no lo es menos, a pesar de aparecer casi una década después, solo que las perspectivas difieren un poco. Mientras Underground tiene a la nación como protagonista, en La vida es un milagro, como también ocurre en Prométeme, de 2007, la preferencia está del lado de la historia pequeña, sencilla, aquella que se sitúa en el fragor de los bombardeos o las postrimerías de la guerra, y en lo que acontece a los ciudadanos comunes y corrientes que han tenido que seguir viviendo cuando todo parece haberse acabado. Después de Underground, Kusturica ha contado, en tres películas (se suma Gato negro gato blanco de 1998 a las dos mencionadas), una sola historia con diferentes protagonistas pero que insisten en penetrar los pequeños relatos de un pueblo que tiene la fortaleza suficiente para renacer de las cenizas cuantas veces sea necesario. Un detalle más, la villa que se construyó como locación para La vida es un milagro, acoge, desde el 2008, el Festival de Cine de Küstendorf, apadrinado por el mismo Emir Kusturica.     

 

 

Maradona by Kusturica (2008)

Una de las últimas producciones de Emir Kusturica, en la que trabaja bajo el formato documental. Acá se presenta uno de los retratos más humanos y sentidos del ídolo Diego Armando Maradona quien, como todo héroe de nuestro tiempo, ha estado en el cielo y padecido el infierno. Sobre todo esto último. No le interesa a Kusturica los logros de un futbolista sino el enigma detrás de un hombre de origen humilde y frágil que en algún momento tuvo el mundo en sus manos pero que, a la vez, cayó estrepitosamente. Una de las secuencias memorables de esta película es aquella en la que Maradona se sube a una tarima a cantar la canción que otrora le dedicara el fallecido cantante argentino Rodrigo Bueno, mejor conocido como El Potro, titulada La mano de Dios.

 

 

Y una ñapa. Guernica, el primer cortometraje de Kusturica, producido en 1978, y con el que ganó su primer premio en el Festival de Cine de Karlovy Vary, en República Checa, considerado el más importante de Europa del Este.

 

Hoy en día, Emir Kusturica es una vedette del mundo de cine, todos quieren tomarse fotos con él, ha sido varias veces presidente del jurado en Cannes y donde quiera que vaya es recibido con todos los honores. Hecho curioso porque posiblemente sus películas sean lo más alejado del glamur, el carácter espectacular y la sofisticación que caracterizan la industria del cine en nuestros días. Sus películas, a pesar de que hacen reír por montones, no son entretenimiento ligero como aquel humor soso que a veces se han encargado de empacarnos a toneladas. No, sus películas tienen la particularidad de que, a través del humor y el absurdo, dejan entrever una postura crítica frente a un mundo convulsionado y enfermo en donde los poderosos siempre ganan y el ciudadano de a pie tiene que aprender a soportar la dificultad con dignidad. Es el cine de Kusturica un homenaje a esos habitantes del común que sufren y deben hacerle frente a la vida cada día pero que la sobrellevan cantando y bailando en una fiesta interminable. Un homenaje también a la música gitana que siempre ha estado presente en su cine y que es en sí misma portadora de historias que por generaciones se han cantado, no solo en territorio balcánico, sino que le han dado la vuelta al mundo fusionándose con cuanto sonido se ha cruzado en su camino.