Elogio del cuaderno de bocetos

Santiago Rivas @Rivas_Santiago

 

Hace rato que no tengo lo que los artistas conocen como “obras terminadas”. Es decir, que no tengo cuadros enmarcados, listos para vender o exponer. Tengo algunos collages, pero los definitivos son piezas digitales que no me he decidido a imprimir. Sin embargo, todos los días dibujo al menos una vez, para lo cual siempre cargo conmigo un cuaderno. Hoy quisiera simplemente hablar un poco de esta costumbre, que tiene cara de compulsión.

Lo primero que hay que decir es que cada cuaderno es distinto a los demás. No es solo la marca, la calidad, el tamaño, el formato o el tipo de papel. Es como si cada uno cargara con una energía particular. No a todos les sirven los mismos esferos o marcadores, no les quedan bien los mismos colores. No puedo explicarlo, simplemente pasa. Eso de ninguna manera es una desventaja, de hecho, agrega cierto vértigo a la hora de comprar nuevo cuaderno.

Pero lejos de hablar sobre cosas que no podemos medir, como la magia y la energía que encierran los cuadernos (sobre todo los del Taller de Encuadernación de don Ricardo en la 20 con tercera y perdonen la cuña), quisiera hablar sobre las grandes ventajas de cargar siempre y a todos lados con el cuaderno, porque para aquellos que se precian de ser creativos, es necesario tener en donde garabatear. Pero no solamente para los que trabajan en profesiones y oficios relacionados con las artes; para todas las personas puede resultar útil cargar con una libreta, un receptáculo de sus nuevas ideas.

Tal vez no tenga sentido todo esto que escribo, porque es una decisión personal, pero la verdad es que de unos años para acá son muchos los artistas que han editado en forma de libros sus cuadernos. Ha valido la pena hacerlo, porque cuando revisamos nuestros cuadernos, todos aquellos que rigurosamente hemos dedicado años al bel oficio de garabatear nos encontramos en un viaje hacia nuestro propio cerebro.

Yo, al menos, me sorprendo de la cantidad de cosas que he pensado y dejado de pensar, la cantidad de cosas que me obsesionaban antes y ahora me abandonaron. Es un espejo, pero al mismo tiempo un álbum de fotos, un banco de ideas y una máquina del tiempo. Por eso, he querido pasarles a ustedes una pequeña muestra de lo que me he encontrado, ahora que estoy volviendo por ideas viejas, a ver cuáles siguen vigentes. Mejor dicho, acá está esta breve galería