Una selección de once

Daniel Bonilla / @Seppukultura

 

Cuenta el escritor mexicano Juan Villoro, al comienzo de su libro de crónicas sobre fútbol Dios es redondo, que en alguna época ya lejana “si alguien no iba al estadio, solo conocía los goles de oídas o por escrito”. Y dice más adelante, para rematar, que ante esa ausencia de transmisiones televisivas, el fútbol era principalmente un relato. Esas historias que advenían en las horas y los días posteriores a los partidos, primero como crónicas deportivas y luego como un gigantesco voz a voz que labraba para la posteridad las leyendas de aquellos que pisaban el césped de las canchas, mutaron con el tiempo, y no han dejado de hacerlo, en ficciones de todo tipo: novelas, cuentos y películas.

Y de estas últimas, la lista es muy larga. Tal vez no en la tradición de la gran industria de Hollywood donde el género de deportes se ha decantado por otros como el boxeo, el béisbol, el basquetbol o el fútbol americano, pero en cambio sí en algunas cinematografías europeas y de América Latina, lugares donde, coincidentemente, el fútbol es el deporte más popular.

Es cierto que el fútbol concentra en sí mismo, como diría el mismo Villoro, su propia épica, su propia tragedia y su propia comedia, razón por la cual hacer una película a partir del juego mismo tal vez sea un exceso, como bien afirma el crítico argentino Javier Porta Fouz en su artículo ¿Por qué el fútbol no va con el cine?

De esa forma, la gran mayoría de películas producidas a partir de lo que significa este deporte como fenómeno de la cultura no han precisado tratar las incidencias y pormenores de un partido –hay muchas que sí lo han hecho y no han contado con mayor éxito–, sino que lo han narrado desde sus intersticios y lo han alimentado con tramas paralelas para de esa manera enriquecerlo y mitificarlo. Y eso es lo que pasa, por ejemplo, con aquellos grandes partidos, que pululan por ahí refundidos en la historia y en la memoria de sus testigos directos, a los cuales el cine magnifica para que puedan confluir allí otros universos narrativos y ese partido deje de ser un simple enfrentamiento de once contra once y alcance estatura de leyenda.

Este es, entonces, un listado personal de once películas cuyo protagonista o telón de fondo es el deporte rey, porque siempre habrá tiempo para ver cómo el cine hace inmortal una gambeta, un caño, una chilena o un gol.

 

El milagro de Berna. Sönke Wortmann (Alemania, 2003)

Si de este lado del Atlántico tenemos al “Maracanazo” como uno de los momentos míticos del fútbol en toda su historia, en Europa también tuvo lugar uno de esos partidos donde el que llevaba las de perder se alzó con el triunfo en la final de un campeonato mundial. Ocurrió en Suiza 1954, la poderosa selección de Hungría, comandada por Ferenc Puskás, se enfrentó a la selección alemana que venía en representación de un país que apenas se estaba levantando de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. Estos dos combinados se enfrentaron al comienzo del mundial con una aplastante victoria de Hungría por 8 a 3, pero para la final los alemanes supieron darle vuelta y ganar por 3 a 2 contra el pronóstico general. Ese episodio, conocido en adelante como “El milagro de Berna”, es el que da forma a esta emotiva película dirigida por el alemán Sönke Wortmann en el 2003. Estaría buenísimo que los húngaros algún día contaran la historia desde su orilla para que no nos quedemos solamente con la versión de los ganadores.

 

 

United. James Strong (UK, 2011)

En 1958, quiso el destino que ocho futbolistas del Manchester United fallecieran en un accidente aéreo, en el aeropuerto de la ciudad de Múnich, en Alemania, porque el avión que habría de llevarlos de vuelta a Inglaterra presentó fallas antes de despegar. En el grupo de sobrevivientes estaba un joven llamado Bobby Charlton, que con los años se convirtió en uno de los grandes futbolistas ingleses de todos los tiempos. Esta película es la crónica de la caída y el resurgimiento de entre las cenizas, de un equipo que era también una familia.

 

 

El camino de San Diego. Carlos Sorín (Argentina, 2006)

Al director Carlos Sorín se le recuerda principalmente por la película Historias mínimas, un tríptico ambientado en la pampa argentina. En una de estas historias se advierte un atisbo de la forma en que el fútbol puede activar un argumento y movilizar un personaje. Pero será con El camino de San Diego donde se exploren al máximo las posibilidades narrativas de este deporte. El Tati Benítez es un joven fanático de Diego Armando Maradona; una noche de tormenta, encuentra la raíz de un árbol caído y en ella ve la estampa de su ídolo. Benítez corta la madera y con ella labra una estatua. Allí empieza la aventura de este chico que atravesará toda la Argentina para poder encontrar al Diego en Buenos Aires y entregarle el madero tallado. 

 

 

Historias de fútbol. Andrés Wood (Chile, 1997)

Tres mediometrajes. El primero, No le crea, basado en el cuento Puntero izquierdo, de Mario Benedetti, cuenta la historia de un jugador de la barriada chilena que está a punto de dejar pasar su oportunidad para llegar al profesionalismo; el segundo, Último gol gana, basado en el cuento Cuando me gustaba el fútbol, de Raúl Pérez Torres, y ambientado en la ciudad de Calama, al norte de Chile, se ocupa de unos niños que encuentran un balón de fútbol que les “llega del cielo” y que le servirá a uno de ellos para solucionar un tremendo lío en el que se ha metido. En la tercera y última historia, veremos cómo se relacionan la llegada de un visitante a un pueblo perdido en medio de la vorágine, dos mujeres mayores que han perdido recientemente a su padre y el partido de fútbol entre Chile y Alemania en el mundial de España 1982. 

 

 

El penalti más largo del mundo. Roberto Santiago (España, 2004)

Esta comedia española es una adaptación del cuento El penal más largo del mundo, del fallecido escritor argentino Osvaldo Soriano. Aunque las diferencias argumentales son notorias, conservan el mismo núcleo central: se juega un partido que define al campeón de un torneo de barrio, el árbitro pita un penal en el último minuto en contra del equipo que tiene la copa en el bolsillo, el arquero titular se lesiona y en su lugar entra un suplente que no tiene idea de cómo agarrar un balón. Todo ello termina en una gresca descomunal y, por obvias razones, el penalti no se patea, aplazándose para el domingo siguiente. Toda la vida del barrio girará durante esa semana en torno a las posibilidades de que el arquero sustituto sea capaz de detener el tiro.  

 

 

Días de fútbol. David Serrano (España, 2003)

También de factura española; en esta película el fútbol se convierte en la única salida que un grupo de tipos fracasados y en edad madura podrá encontrar ante las crisis típicas de la adultez. Por momentos logra unas cotas altas de hilaridad en las que el espectador podrá desternillarse se risa con todos los absurdos protagonizados por un exconvicto, un malandrín de poca monta, un policía que quiere ser cantautor, un estudiante de derecho que lleva años sin graduarse y sin conseguir novia, un calvete que será padre pronto, un actorcillo que no logra conseguir trabajo y un pobre funcionario de oficina que recién se separa de su esposa. Ellos conformarán un desastre de equipo al que no pararán de meterle goles.   

 

 

Rudo y cursi. Carlos Cuarón (México, 2008)

Otra comedia, dirigida por el hermano de Alfonso Cuarón y protagonizada por Diego Luna y Gael García Bernal, quienes interpretan a dos humildes hermanos de la provincia mexicana que logran escalar hasta llegar el fútbol profesional. Uno de ellos es Beto “el Rudo”, que juega de arquero y es adicto a las apuestas, y el otro es Tato “el Cursi”, que quiere ser cantante profesional. El mito de la rivalidad entre hermanos actualizado esta vez con el fútbol como telón de fondo.

 

 

Hermano. Marcel Rasquin (Venezuela, 2010)

Otro par de hermanos, pero esta vez provenientes de los barrios de invasión de Caracas. Julio, el mayor, es fuerte y juega en el medio campo; Daniel, pequeño y habilidoso delantero. La vida de este par de chicos tendrá un giro radical cuando la violencia propia de los cinturones de miseria de las grandes ciudades de Latinoamérica toque a su puerta. En un lado estará el profesionalismo llamando con insistencia; en el otro, la pobreza y la delincuencia. En medio, la necesidad de una venganza que puede hacer bascular la vida de los dos hermanos hacia un extremo u otro. Digna heredera del legado de Ciudad de Dios en el cine latinoamericano de la última década.

 

 

Días de gracia. Everardo Gout (México, 2012)

En medio de la hiperviolencia que ha caracterizado a México en las últimas dos décadas, han surgido propuestas cinematográficas bastante interesantes. Allí no más está Amat Escalante, quien ya llegó a lo más alto del Festival de Cannes con su película Heli, que retrata un país mexicano destruido en sus entrañas por el narcotráfico, la corrupción y la sed de poder. En esa misma línea aparece Días de gracia, cuyo entramado narrativo es un mucho más complejo porque cuenta una historia fragmentada en tres momentos distintos de la historia reciente de México, cada uno de los cuales corresponde a los treinta días de los mundiales de fútbol de Corea y Japón 2002, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010, respectivamente. Siempre de fondo, están los partidos de la selección mexicana en dichos campeonatos mundiales y ese es el elemento que va marcando los saltos temporales de este narcothriller muy recomendado.      

 

 

Buscando a Eric. Ken Loach (Inglaterra, 2009)

Como diría alguien por ahí, “el fútbol lo cura todo”; y esta parece ser la premisa de una película protagonizada por el mismísimo Eric Cantona, uno de los futbolistas más aguerridos y temperamentales que ha tenido Francia en toda su historia. No era el más virtuoso con el balón pero lo que le faltaba de técnica lo suplía con un carácter de hierro y una presencia que intimidaba a cualquier contrario. En esta película, Cantona se interpreta a sí mismo como una especie de guía espiritual al servicio de un hombre al que se le está derrumbando la vida.  

 

 

El miedo del portero ante el penalti. Wim Wenders (Alemania, 1972)

Una de las primeras películas de uno de los principales exponentes del llamado Nuevo Cine Alemán. Más que ser sobre fútbol, esta es una historia sobre el sentido de la identidad humana. Con guion de Peter Handke, quien también escribió la novela en la que está basada, narra la historia de un arquero que emprende un camino de autodescubrimiento luego de equivocarse en un partido. La errancia y el vacío interior característicos de los personajes de Wenders ya están prefigurados en esta película que, paradójicamente, habla de la soledad a partir del fútbol, el epítome de los deportes de conjunto.    

 

 

Y para el entretiempo…

El cortometraje Juegos viriles, del checo Jan Švankmajer.

 

¿Conoce usted más películas sobre fútbol? Ayúdenos a engrosar este listado.