Drama, drama y drama

Sofía Arrieta / @medeatica

 

Desde el pasado 4 de abril, Bogotá es la Ciudad Teatro, no solo por sus festivales y la cantidad de obras que se ha presentado, sino por los muchos espacios de intercambio y reflexión alrededor de las artes escénicas que han tenido lugar en nuestra capital. Tomará un tiempo decantar todo lo que ha ocurrido pero por ahora vale la pena seguir dentro de este torbellino escénico.

Prometo ser breve. No tiene sentido hablarle de teatro cuando en este momento usted podría estar teniendo su propio encuentro con lo escénico y llegando a sus propias conclusiones. En todo caso, vale la pena resaltar lo importante que han sido estos días para las artes escénicas, para los que vivimos de este arte, para los amantes del teatro y para la ciudad en general. Desde el día en que arranca el festival, Bogotá tiene otro aire. Por un lado, se siente uno como en otra parte porque la ciudad se llena de extranjeros y por el otro, se siente una gran expectativa: donde sea que usted se encuentre, puede ser sorprendido por la presentación de alguna de las obras de teatro callejero que ocurren como brotes de una epidemia para la que no debería haber cura.

Muchos dirán que la ciudad se pone bohemia y hasta podrían burlarse un poco de la actitud “artistoide” que invade a muchos. Pero estoy segura de que la ciudad se pone más feliz, de que la irrupción de lo extraño hace que los ciudadanos pensemos en otras cosas, nos ocupemos de otros temas, nos permitamos alejarnos por un momento de los afanes cotidianos y así se alivianen nuestros pasos y nuestros pensamientos. Son incontables los esfuerzos de tantas personas para que Bogotá sea un gran escenario y puedan tener lugar tanto el Festival Iberoamericano como el Festival de Teatro Alternativo.

En este año, Bogotá no ha sido solo una inmensa sala con una gran cantidad de funciones sino también un espacio de reflexión y un lugar en el que se afianzan redes que conectan a las personas que trabajan con las artes escénicas. Para quienes no saben qué es ISPA –la sigla es por su nombre en inglés, International Society for the Performing Arts–, es la principal red mundial de artes escénicas y celebra dos congresos anuales, uno en Nueva York y el otro en cualquier punto del mundo. El de Bogotá fue el número 94, el cuarto realizado en Latinoamérica y el primero en Colombia. También tuvo de especial que la fecha inicialmente programada se cambió para que pudiera coincidir con el Iberoamericano, de manera que estuviera inscrito en un contexto más propicio y la ventana de exposición para los artistas que se presentaban fuera mucho más grande.

Esta versión del ISPA llevó por nombre Lo que las artes mueven, porque buscaba convertirse en un espacio de reflexión en el que se observara al arte como un elemento de activación. Según me explicaba Adela Donadío, quien hizo parte del Comité de contenidos del ISPA, las artes escénicas en Colombia siempre han estado muy ligadas a lo político y lo social, y en esa medida, han sido un mecanismo que despierta al espectador, lo moviliza y lo confronta. En el encuentro hubo de todo: ceremonia de iniciación dirigida por el Taita Santos de la comunidad Kamentsá; charla inaugural a cargo de Carlos Vives y acompañada de ejemplos musicales que ilustraban los elementos, ritmos e instrumentos que hacen parte de nuestro folclor; showcases con diferentes bandas y solistas colombianos, un pitch en el que grupos nacionales e internacionales tuvieron la oportunidad de mostrar su proyecto más reciente o un proyecto aún en proceso de creación con miras a encontrar aliados, coproductores o diferentes espacios para presentar sus piezas.

Finalmente, el ISPA 2014 se destacó por las sesiones en las que se discutieron muchos asuntos que atañen a las artes escénicas. Los panelistas –de todas partes del mundo aunque con una fuerte presencia nacional–, muy diversos tanto en sus intereses como en los procesos que desarrollan en torno a las artes performáticas, ampliaron los espacios de análisis y reflexión sobre este tipo de artes.

Así que bueno, me despido por ahora, con la sensación de que en Colombia hemos crecido como artistas escénicos y como público. Dos festivales simultáneos, ISPA 2014, obras, performances, conciertos, lecturas dramáticas, talleres, encuentros con directores y actores, discusiones académicas y ruedas de negocios en las que lo escénico es el protagonista, son una prueba de ello. Ahora, mi querido lector, ¿qué hace leyéndome? Más bien corra a ver, hacer y vivir teatro.