Aikido, el camino de la energía y la armonía

Por: 
Nicolás Guarín / @nicolasguarin

 

Paul Scheuermann, es un experimentado practicante colombiano de Aikido, ó, en menos palabras un Aikidoka, que hace años asiste disciplinadamente al Centro de Artes Marciales de Kioto. Luego de haber visto una de las prácticas de su dojo llamado “AIKIDO KIOTO” me quedaron sonando de la sensei, la maestra: “Cuando yo muestro las técnicas, es muy importante que ustedes vean lo que no se ve”

“¿Qué es lo que no se ve?” le pregunta a Paul más tarde. Un “mmmm” prologado me hizo entender que había tocado un tema complejo de responder. Paul ya ha desarrollado algo que la mayoría de los Japoneses tienen y que a la vez, algunos colombianos como yo carecemos: Control del la palabra. Es decir, Paul piensa muy bien antes de hablar.

“Lo que no se ve es la práctica de mañana, la práctica de ayer, la práctica de pasado mañana. Esto es algo que está profundamente arraigado en el Budismo” fue lo primero que respondió este colombiano que desde hace 8 años vino a Japón para profundizar sus conocimientos en el Aikido y entender cómo en un país con un pasado de guerreros, se creó un arte marcial basado en el control de la violencia y la protección del adversario.

“El Budismo es una religión que le da mucha importancia a la contemplación. Pero la contemplación no es una actividad pasiva de simplemente estar ahí en las nubes, sino de observar muy atentamente todo lo que está pasando alrededor” Añadió Paul y escuchando esto, pude entender mejor a qué se refería. Sólo recordando lo visto en la práctica de Aikido en el dojo, me fue fácil confirmar que la observación, la precisión y la concentración son fundamentales en este arte marcial no competitivo.

Un ejemplo son las numerosas correcciones que hace la maestra durante la práctica y que generalmente se hacen usando los cuerpos de los estudiantes. En ellas no son extraños los comentarios cómo este: “A un atacante más grande que uno, no se le puede tomar del antebrazo por que le puede devolver la técnica. Se le toma de acá, de la mitad de la palma de la mano. Así con estos cuatro dedos acá y este otro acá. Si no lo toman de acá, así, es imposible. Imposible, imposible”.

En el Aikido tener en cuenta todos los elementos que afectan el resultado: La velocidad del atacante, su peso, la forma del cuerpo y su comportamiento, el ángulo en el que ataca, el momento en que debe ser aplicada la técnica, la intención con la que ataca el oponente. Todo esto, en fracciones de segundo, es lo que se tiene que observar y entender para poder aplicar una técnica. Una decisión tomada en un instante, que llevada a un caso extremo podría salvar una vida. “Todo ese estudio es lo que comporta la práctica del Aikido” resumió Paul. “Meditación a la Aikido” pensé yo.

“Pero esta forma de contemplar a través de hacer una actividad no sólo es para el Aikido, y se puede ver en Japón casi diariamente. No sólo en los lugares obvios como los jardines de los templos budistas y en la ceremonia del té, sino también en las actividades cotidianas como la escritura, el dibujo, la fotografía, la cocina y los arreglos florarles.

Esa parte contemplativa en un actividad se marca con la palabra “camino” en Japonés que se dice “Do”. Ese es el “Do” del “Sado” la ceremonia del té, el “Do” del “Shodo” la caligrafía japonesa, y por supuesto, el “Do” del Aikido. Como la mayoría de japoneses entran en contacto con alguna de estas prácticas desde pequeños, desarrollan un muy alto de nivel observación y apreciación por los detalles.

“Cuando se observa cada detalle, se mira con atención cómo funcionan las cosas y se entiende lo que está alrededor, se puede actuar” Fue lo último que me dijo Paul sobre lo que se aprende haciendo Aikido, justo antes de que termináramos la entrevista.

Desde que escuché esas palabras no son más claras para mí el Aikido y en muchas actividades japonesas ese algo que antes no podía ver.

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